El gobierno ha hecho en esta
última semana como propia su desaprobación al “asambleísmo”, concepto sobre el
cual han responsabilizado la inexistencia de acuerdo entre los pobladores de
Aysén y el gobierno, sumando desde hoy martes, a la ciudad de Calama ¿Qué
entiende el gobierno cuando habla de asambleísmo? ¿Es esto negativo para los
movimientos ciudadanos? ¿Confunde el gobierno la existencia de asambleas con el
asambleísmo? ¿Confunde un síntoma con una enfermedad? Las autoridades del gobierno de Sebastián Piñera confunden una forma de
organización de la sociedad basada en la congruencia y convergencia de
principios y objetivos en base a liderazgos flexibles (asamblea) con una forma
de organización social basada en la horizontalidad, la ineficiencia
organizacional y de uso de recursos, la sobre-ideologización y el localismo
(asambleísmo) La asamblea es una forma funcional y necesaria de organización
cuando las instituciones fallan a la hora de canalizar las demandas sociales. A
pesar de ello, con el tiempo es posible que se transforme en una forma de
organización ensimismada en sí misma, donde se confunde la forma de organizarse
con el fondo o motivo de la organización (asambleísmo): lograr la satisfacción
de demandas transversales. Por ello, el gobierno trata a la asamblea como
asambleísmo, sin comprender la esencia misma de las demandas de los movimientos
ciudadanos que se levantan a lo largo del país y por tanto, la lejanía de una
posible solución a dichos problemas.
La existencia de asambleas
ciudadanas revela la existencia de un síntoma
o disfuncionalidad social producto de una demanda socialmente legítima pero
insatisfecha. La función básica de un sistema político es la transformación de
las demandas de la ciudadanía en decisiones en forma de política pública que
satisfaga la necesidad de forma total o parcial. De esta forma, el sistema
político, a través de las instituciones, permite la convivencia de una
sumatoria de individuos con objetivos e intereses diversos pero no excluyentes
entre sí. De esta forma, cuando las instituciones fallan en cumplir su objetivo,
la asamblea es la mejor forma de organización de que la ciudadanía puede
dotarse para hacer ver a las autoridades que los procesos propios de un sistema
político no se están dando como debieran. La asamblea no es
trans-organizacional (está más allá de otras organizaciones) sino que, al
contrario, aparece de forma espontánea y particular para que la
institucionalidad funcione. Esto se demuestra, en el caso de Aysén y Calama, en
la constante interpelación al gobierno y a las instituciones para la solución
de sus problemas, cosa que si fueran un movimiento asambleísta trataría de
construir su identidad, procedimientos y objetivos CONTRA el gobierno o SIN el
gobierno. La existencia de movimientos asambleístas (respondiendo a nuestra
segunda categoría) revela un problema a
la hora de manejar las demandas sociales de una comunidad, es decir, se
confunden las formas y el fondo de la movilización, se confunden los roles de
los actores y los objetivos a lograr, incluyendo metas que no se relacionan con
el origen del problema, desviando a los actores de la resolución del conflicto
y por tanto, aumentando la posibilidad de polarizar las posiciones y la
aparición de episodios de violencia. El asambleísmo tiende a aparecer en
círculos sociales como las universidades, donde la formación académica de los
involucrados los aísla de la realidad social donde debieran estar insertos,
haciendo que la teoría se confunda con la práctica social y política.
Las asambleas ciudadanas nos han
recordado en qué medida nuestra institucionalidad se encuentra agotada para
captar todas las demandas y aspiraciones sociales, y darles así una solución a
través de ellas. A pesar de ello, la naturaleza misma de la asamblea hace que
sea muy posible que esta sea capturada por grupos que busquen mutar la asamblea
en un asambleísmo, desvirtuando el movimiento y haciéndolo funcional a los
intereses de la contraparte, ya que puede deslegitimarlo a nivel mediático,
usar la coerción contra él y desarticularlo. Basta solo recordar lo sucedido
con las movilizaciones estudiantiles de 2011. El gobierno peca de ingenuo al
tratar de convencer a la ciudadanía de lo nocivo de las asambleas, ya que la
asamblea empodera al ciudadano, lo hace crítico y constructor de su realidad,
lo construye como un sujeto dual (individual y social a la vez) La asamblea es necesaria, pero no
suficiente para fortalecer la democracia. La asamblea fortalece las
instituciones, no las sustituyen. Señalar
lo contrario sería caer en el asambleísmo, la enfermedad izquierdista en el
comunismo parafraseando a Lenin. Que la sociedad comprenda la diferencia y el
abismo entre asamblea y asambleísmo nos ayudará a la hora de enfrentar al
verdadero adversario: el gobierno.

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