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lunes, 12 de marzo de 2012

Movilizaciones estudiantiles: un difícil escenario


El movimiento estudiantil por una educación pública, gratuita y de calidad para todos del pasado año 2011 fue uno de los más importantes desde la llegada de la “democracia” en términos de convocatoria. Un movimiento verdaderamente social, con demandas claras y a la vez trascendentales se perfiló contra un Ejecutivo intransigente y un Parlamento negligente. Pero luego de siete meses la fuerza de este movimiento cayó al punto de no lograr casi ninguna de sus demandas originales ¿Estamos este año en condiciones de vislumbrar la aparición de un movimiento de tal impacto? La respuesta se la dejo al lector, mostrándole el escenario en que nos encontramos:
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    - Los partidos políticos ya no tienen relevancia en la dirección del movimiento: algo que distinguió a este movimiento fue el protagonismo (más bien mediático que real) del PC y otros partidos en el liderazgo del movimiento. Las políticas de la intransigencia del gobierno llevaron al movimiento a la división y conflicto interno que llevó a culpar a los partidos del estancamiento del movimiento. Divide et impera (divide y vencerás) fue la triunfal estrategia con la cual el gobierno dividió al movimiento y le quitó su fuerza para cuando fue el Parlamento (dominado por la derecha y el centro político, centro que hubiera podido ser cooptado si el movimiento estudiantil no hubiera decaído) quien decidió aprobar los proyectos del Ejecutivo. Sacando a los partidos (como castigo) de la dirección de las Federaciones de Estudiantes y centros de estudiantes tanto a nivel superior como secundario los independientes, vinculados a partidos de izquierda o colectivos de dicha tendencia llegaron a las direcciones. Por tanto, el movimiento perdió un elemento de coordinación a nivel nacional que los partidos le habían entregado. Esto puede traer como consecuencia la gremialización de las demandas o peor, la desmovilización por la falta de experiencia de los dirigentes.
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      -  El gobierno posee una clara política de intransigencia: en otra columna desarrollé el concepto de política de la intransigencia como una estrategia hostil de resolución de conflictos por parte del gobierno, la cual triunfa al corto plazo pero no al largo, ya que cura los síntomas pero no la enfermedad. El replanteamiento y concientización del estudiantado debe orientarse a que el gobierno busca 3 elementos: no negociar con actores conflictivos, criminalizar a estos actores y, finalmente, usar el desgaste como estrategia ante el adversario. Solo así podremos vencer la política de la intransigencia del gobierno.
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        -  Polarización del estudiantado frente a las movilizaciones: nuestro principal problema es que el estudiantado en su mayoría se encuentra en dos posiciones mutuamente excluyentes: una en la cual se ve en el paro una estrategia infructuosa para generar presión hacia arriba (burocracia universitaria y gobierno), por lo que medidas más audaces como partir con una toma sería la mejor respuesta; la otra plantea que las clases no deben sacrificarse a costa de las movilizaciones. Las movilizaciones no lograron nada, y los perjudicados son aquellos que reciben una formación parcial a nivel educativo. El problema fundamental es que la convivencia de estas dos visiones destruyen la posibilidad de crear un ambiente no hostil para la discusión. La defensa de uno de los polos sobre su propia postura polarizará al adversario en lugar de acercarlo a la propia postura. Extremar las posturas entre clases o toma solo impedirá al movimiento partir movilizado lo antes posible, y por tanto, la creación de un ambiente funcional para la discusión policía sobre el fondo y la forma del movimiento estudiantil. Ambas posturas son erradas y reduccionistas, comprensibles pero no justificables. Ahora la estrategia de movilización dependerá del contexto de cada universidad o liceo, donde debiera primero crearse un clima de discusión, y sólo luego una movilización efectiva. Recuperar el pensamiento estratégico (es decir, actuar en función de lo que hace y haría la contraparte es fundamental)  

Este es sin duda un escenario difícil. Dirigentes sin experiencia (y por tanto titubeantes, como en el caso de la actual FECH) y sin coordinación nacional (dada su independencia o localismo), un gobierno intransigente y un estudiantado polarizado no es un buen augurio. A pesar de ello, la movilización es y debe ser un objetivo de este año, ya que esta demanda podría perderse dentro de la discusión en la esfera pública si no es levantada nuevamente en el corto plazo. Como señalaba en un inicio, las condiciones (existentes o no) para la movilización se la dejo al lector. Mi visión es positiva, ya que depende más de la voluntad de los actores políticos dirigentes en el movimiento estudiantil que de las condiciones materiales de acción. Acción coordinada y coherente entre los dirigentes, evitar las divisiones internas y crear un clima de discusión sano dentro de cada unidad estudiantil es la fórmula con la cual debemos partir este año contra la política de la intransigencia.

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