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martes, 8 de mayo de 2012

El futuro de la Unión Europa: ¿El fin del eje franco-alemán?


Las elecciones presidenciales en Francia el pasado domingo 6 de mayo dieron la victoria al socialista de corriente moderada Françoise Hollande con un 52% sobre un 48%, resultado estrecho sin lugar a dudas dado el contexto de crisis en el cual se encuentra la zona euro.  Esta victoria por parte del PSF es una doble forma de castigo al saliente Presidente Nicolás Sarkozy, ya que, por un lado, si bien sus decisiones en materia de política fiscal han apuntado a la austeridad y la reducción de la deuda externa, por otro lado, los franceses, a sabiendas que un Presidente de derecha tenderá a rebajar el gasto para salir de la crisis, a pesar de ello le han dado su voto a un socialista. Así, el próximo Presidente francés tendrá la doble misión de cumplir con los valores y costumbres propios de un país acostumbrado a un Estado de Bienestar y de reducir la incertidumbre en el mercado de valores francés. En esta doble misión, existe un fuerte dilema para el nuevo Presidente: mantener las relaciones clásicas con Alemania, o generar un modelo propio, ya no basado en la austeridad, sino en el potenciamiento del desarrollo económico para salir de la crisis. La crisis actual de la zona euro no es un producto de la Unión Europea (UE), sino consecuencia de problemas estructurales en el diseño histórico-institucional de este organismo supranacional, donde no existen verdaderos incentivos para transparentar las cuentas sobre gasto público de cada país al Banco Central Europeo (BCE) Teniendo esto claro, la tesis de la austeridad es una respuesta (una reacción) a una crisis estructural, pero no una solución. En manos de Francia está la posibilidad de solucionar la crisis estructural a través de un liderazgo nuevo basado en una mayor intervención y delegación de soberanía en la Comisión Europea desde los 27 países miembros, tesis que choca con la visión alemana de “laissez-faire” que centra en la política fiscal restrictiva todo su énfasis y preocupación. De esta forma, la llegada de Hollande puede generar un cambio en el eje franco-alemán, y por tanto, del futuro de la UE (diseñada para dar preponderancia y hegemonía a estos países en la toma de decisiones)

La crisis del euro es una crisis estructural de la UE, no el producto de una crisis foránea originada en un país que basa su economía en la desregulación de su mercado financiero. La crisis del euro no es solo una crisis económica, es una crisis política, una crisis de valores y confianza entre los miembros de un regionalismo que en realidad deja el idealismo de lado y se enfatiza en la satisfacción de los intereses particulares de cada país. Los intentos de solución desarrollados en el Tratado de Lisboa el año 2008, a través de un Pacto de Estabilidad que restringe un endeudamiento de los países miembros de la UE superior a un 3% sobre el PIB, no fue respetado (lo que fue fomentado por Francia y Alemania para poder aumentar su rango de deuda y mantener sus industrias locales) Sumado a ello, el euro descansa bajo una tensión basada en una política fiscal no regulada y dependiente del criterio de cada país, y una política monetaria fija para todos los países aumenta los incentivos para falsear los datos relacionados a deuda interna y externa. Así, aquellos países que poseen Estados de Bienestar, pero no los medios para mantenerlos, inevitablemente deberán mantener (o aumentar, como el caso griego) su gasto público para evitar conflictos internos y posibles crisis de gobernabilidad. El euro se vuelve, de esta forma, en un “elefante blanco”.
La crisis ha sido llevada bajo dos posiciones claramente delimitadas: la germana (no intervención, corregir la crisis mediante la restricción del gasto y conceder préstamos condicionados) y la francesa (intervención directa, haciendo lo posible para salvar al país en cuestión) Los medios europeos han destacado el liderazgo de Francia en el Consejo Europeo, y el rol más bien silencioso de Alemania. A pesar de ello, Francia no ha logrado imponer su visión, y han sido los alemanes quienes han logrado que su postura sea la que prevalezca. Se ha acusado, por ello, una ausencia de liderazgo en la UE, que Alemania no desea hacerse cargo de su rol director en el viejo continente. Este conflicto de visiones, a la larga, no hace sino agravar la crisis de solvencia y credibilidad de la zona euro.

Tres son las principales conclusiones que podemos mencionar a manera de síntesis: a) La crisis es producto de problemas estructurales en la conformación histórico-institucional de la UE, lo que se demuestra en la inexistencia de acatamiento de todos los miembros sobre las normas fijadas en el Tratado de Lisboa; b) Existe una clara ausencia de liderazgo en la UE, ya que Alemania no desea hacerse cargo de los errores de países que han mantenido un Estado asistencial que no son capaces de solventar; c)Francia tiene la oportunidad histórica de replantear el eje franco-alemán y corregir los errores estructurales de la UE, proyecto que llevará a que inevitablemente entre en conflicto con los alemanes. Es hora de corregir los errores históricos, so pena de que la zona euro colapse bajo sus propios cimientos.

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